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<title>urdimano </title>
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<pubDate>Sat, 21 Nov 2009 02:47:55 +0100</pubDate>
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<title>urdimano </title>
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	<title>una acrobacia rutinaria</title>
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		<description><![CDATA[<h2>Darle a uno mala espina algo o alguien. </h2>
<h4>Tenemos el concepto erróneo que para un problema hay una solución o que para que encontremos la solución tenemos que bombardear la idea con críticas de donde saldrá la verdad. Esto no es así. Las posibilidades de soluciones son bastas y cuando uno asume una actitud creativa busca provocar y dar movimiento es decir generar ideas que pueden parecer descabelladas, pero queluego de presentadas son transformadas en ideas lógicas que dan buenos resultados. Existen metodologías definidas que  rompen los conceptos de exclusividad  y espontaneidad de la creatividad. Son metodologías que buscan provocar, dar movimiento, crear rutas alternativas para que afloren los pensamientos creativos. Es decir se desarrolla la habilidad de pensar creativamente. Nuestra doctrina sólo puede ser ésta: que al hombre no le son dadas sus propiedades por nadie, ni por Dios ni por la sociedad, sus padres y antepasados, ni tampoco por él mismo (el disparate de la noción aquí repudiada en último término ha sido enseñado como “libertad inteligible” por Kant, y acaso ya por Platón). Nadie es responsable de su existencia, de su modo de ser, de las circunstancias y el ambiente en que se halla. La fatalidad de su ser no puede ser desglosada de la fatalidad de todo lo que fue y será. El hombre no es la consecuencia de un propósito expreso, de una voluntad ni de un fin; con él no se hace una tentativa de alcanzar un “tipo humano ideal” o una “felicidad ideal” o una “moralidad ideal”; siendo absurdo pretender descargar su modo de ser en algún “fin”. Nosotros hemos inventado el concepto “fin”; la realidad nada sabe de fines... Se es, necesariamente, un trozo de fatalidad; se forma parte del todo, se está integrado en el todo; no hay nada susceptible de juzgar, valorar, comparar, condenar nuestro ser, pues significaría juzgar, valorar, comparar, condenar el todo... ¡Mas no existe nada fuera del todo! Dejar de hacer responsable a alguien y comprender que la esencia del Ser no debe ser reducida a una causa prima; que el mundo no es ni como sensorio ni como “espíritu” una unidad, significa la gran liberación; sólo así queda restaurada la inocencia de la posibilidad... Hasta ahora, el concepto “Dios” ha sido la objeción más grave contra la existencia... Nosotros negamos a Dios, la responsabilidad en Dios, y sólo así redimimos el mundo. Conocido es mi postulado según el cual el filósofo se sitúa más allá del bien y del mal, encontrándose por encima de la ilusión del juicio moral. Este postulado deriva de un descubrimiento que yo he sido el primero en formular: no hay hechos morales. El juicio moral, como el religioso, se funda en realidades ilusorias. La moral no es sino una interpretación de determinados fenómenos, y más propiamente: una mala interpretación. Semejante al juicio religioso, la moral caracteriza un nivel de la ignorancia en que falta aun la noción de lo real, la discriminación entre lo real y lo imaginario; de modo que en este nivel la “verdad” designa sin excepción cosas que hoy día llamamos “ficciones”. De lo cual se infiere que el juicio moral nunca debe ser tomado al pie de la letra, pues siempre consiste en un puro contrasentido. Como semiótica, pof cierto, es inestimable; pues revela, al que sabe por lo menos, las realidades más valiosas de culturas e interioridades, que no sabían lo suficiente para “entenderse” a sí mismas. La moral en definitiva es mero lenguaje de signos, mera sintomatologfa ; para sacar provecho de ella es preciso saber de antemano de qué se trata. Ya no nos apreciamos lo suficiente si nos comunicamos. Nuestras experiencias propiamente dichas no son en modo alguno locuaces. Ni siquiera podrían comunicarse, pues les faltan las palabras. Lo que sabemos expresar en palabras, ya lo hemos dejado atrás. En todo hablar hay algo de desprecio. Parece que el lenguaje está inventado únicamente para lo ordinario, lo medio, lo comunicable. Con el lenguaje se vulgariza el que habla. (De una moral para sordomudos y otros filósofos.) “¡Es encantadora esta imagen!”... La historia, insatisfecha, excitada, desolada en el corazón y las entrañas, pendiente en todo momento, con una curiosidad dolorosa, del imperativo que desde las profundidades de su organismo susurra “aut liberi aut libri”; la literata, lo suficientemente culta para entender la voz de la Naturaleza, incluso cuando habla en latín, y, por otra parte, lo suficientemente vanidosa y estúpida para decir aun en francés para sus adentros “je me verrai, je me lirai, je m'extasierai et je dirai: Possible, que j'aie eu tant d'esprit?” Hablan los “impersonales”. “Nada nos es tan fácil como ser sabios, pacientes, superiores y serenos. Chorreamos aceite de indulgencia y simpatía; somos de una manera absurda justos; perdonamos todo. Por eso mismo debiéramos desarrollar en nosotros de tanto en tanto un pequeño afecto, un pequeño vicio de afecto. Tal vez nos cueste; tal vez nos riamos, entre nosotros, de la figura que encarnamos. Pero no tenemos más remedio. No nos queda ya ninguna otra forma de autodisciplina; tal es nuestro ascetismo, nuestra penitencia”... Volverse personal, he aquí la virtud del “impersonal”...De un examen de doctorado. “¿Cuál es la tarea de toda enseñanza superior?” Hacer del hombre una máquina. “¿Cómo se consigue esto?” El hombre debe aprender a aburrirse. “¿Cómo se consigue esto?” Mediante la noción del deber. “¿Quién es su mrdelo en esta ocasión?” El filólogo, que enseña a trabajar como un burro. “¿Quién es el hombre perfecto?” El empleado del Estado. “¿Qué filosofía ofrece la fórmula suprema para el empleado del Estado?” La de Kant el empleado del Estado como cosa en sí, proclamado juez del empleado del Estado como apariencia. El derecho a la estupidez. El trabajador cansado de lento respirar y aire bonachón que , deja correr las cosas; esta figura típica que uno encuentra ahora, en esta época del trabajo (¡y del Reich!) en todas las capas de la sociedad, reivindica hoy día precisamente el arte, incluido el libro, en particular el diario; júzguese en cuánto mayor grado la bella Naturaleza reivindica a Italia... El hombre del atardecer, con los “impulsos fieros expirados”, de que habla Fausto, tiene necesidad del lugar de veraneo, de la playa de mar, de los ventisqueros, de Bayreuth... En tiempos así, el arte tiene derecho a la locura pura, como una especie de vacaciones para el espíritu, el ingenio y el ánimo. Así lo entendió Wagner. La locura pura repone...Habla el inmoralista. Nada repugna tanto al filósofo como el hombre que desea... Cuando ve al hombre exclusivamente en sus actos; cuando ve a este animal más valiente, astuto y denodado extraviado hasta en trances laberínticos, ¡cuán admirable se le aparece el hombre! Y aun lo alienta... Desprecia el filósofo, en cambio, al hombre que desea, también al hombre “deseable”, y en un plano general, todas las deseabilidades, todos los ideales humanos. Si el filósofo pudiese ser nihilista lo sería, pues detrás de todos los ideales del hombre encuentra la nada. O ni siquiera la nada, sino lo ruin, lo absurdo, lo enfermo, lo cobarde, lo cansado, toda clase de heces de la copa vaciada de su vida... El hombre, que en tanta realidad es siempre vulnerable, ¿cómo es que no merece respeto en cuanto desea? ¿Será que tiene que pagar por la capacidad que lo distingue como realidad?, ¿que tiene que compensar su actividad, la tensión mental y el esfuerzo de voluntad en toda actividad, por una relajación en lo imaginario y lo absurdo? No se imagina cómo he practicado hasta el final el programa de ausencia de pensamientos: y tengo razón en serle fiel, porque “detrás del pensamiento está el diablo” de un furioso acceso de dolor. Tal fue el costo del manuscrito que le llegó desde Saint-Moritz. Probablemente nadie lo hubiera querido escribir a ese precio, en el caso de que se pudiera evitar hacerlo. Ahora con frecuencia su lectura me produce horror, por los largos apartados y los malos recuerdos. Con excepción de algunas líneas, el total fue concebido sobre la marcha y esbozado con lápiz en seis cuadernitos: la transcripción me daba náuseas. Tuve que dejar pasar una veintena de encadenamientos más largos, desafortunadamente algunos de los más esenciales, porque nunca tenía el tiempo suficiente para extraerlos del horrible garabateo en lápiz: lo que ya me sucedió el verano pasado. Después de lo cual, el encadenamiento de los pensamientos escapa de mi memoria: en efecto tengo que arrebatar los minutos y los cuartos de hora a la “energía del cerebro” de la que usted habla, arrancándolos de un cerebro que sufre. A veces me parece que no podré hacerlo nunca más. Leo su copia y me cuesta entenderme a mí mismo, de tan agobiada que está mi cabeza. Aunque para mí escribir esté entre los frutos rigurosamente prohibidos, usted, a quien venero como a una hermana mayo, debía recibir una carta mía -¡y sin duda será la última! Porque el espantoso y casi incesante martirio de mi vida me hace languidecer en espera de su fin, y según ciertos indicios la apoplejía liberadora estaría bastante próxima como para confiar en su llegada. Con respecto al tormento y a la renunciación, puedo comparar mi vida de estos últimos años con la de un asceta de cualquier época: si bien es cierto que los mismo años me beneficiaron mucho en cuanto a la purificación y a la limpieza del alma -y para eso no tuve necesidad ni de religión ni de arte. (Observará que estoy orgulloso de eso; en realidad, sólo el desamparo total me permitió descubrir mis propias fuentes de salud.) Creo haber realizado la obra de mi vida, es cierto que no teniendo un momento de tranquilidad. Pero sé que para muchos derramé un gran gota de aceite y que les di una señal de ánimo pacifico y de sentido de la equidad para la elevación de sí mismos. Le escribo esto como agregado, a decir verdad debería ser pronunciado en el momento de la conclusión de mi “humanidad”. Ningún dolor ha podido ni podría inducirme a un falso testimonio contra la vida tal como yo la concibo. Mi existencia es una carga espantosa: la hubiera rechazado hace mucho tiempo, de no ser por las experimentaciones tan instructivas en el dominio intelectual y moral, precisamente durante ese estado de sufrimiento y de renunciación casi absoluta -ese alegre humor, ávido de conocer, me eleva a alturas donde triunfo sobre cualquier tortura y cualquier desesperanza. En términos generales, nunca fui más feliz en toda mi vida: ¡así y todo! Un constante dolor, una sensación parecida al mareo, durante horas una semiparálisis que me vuelve difícil la palabra, alternando con accesos furiosos (el último me hizo vomitar tres días y tres noches, ¡esperaba que viniera la muerte! Permanecer solo y pasearme, aire de altura, régimen en base a huevos y leche. Cualquier remedio calmante ha sido inútil. El frío me hace muy mal.  El consuelo son mis pensamientos y mis perspectivas. Durante esos recorridos garrapateo aquí y allá algo sobre una hoja, no escribo nada sobre mi escritorio, algunos amigos descifran mis garabatos. A continuación va mi última producción (que mis amigos terminaron de pasar en limpio): acéptelo con benevolencia, incluso si no coincidiera en parte con su propia manera de pensar. (No busco “adeptos” -¡créame!- gozo de mi libertad y deseo ese placer a todos los que tienen derecho a la libertad espiritual.) En el presente toda mi capacidad de inventiva y todo mis esfuerzos tienden a conseguir una soledad de buhardilla, donde las exigencias necesarias y las más simples de mi naturaleza, como me las han revelado tantos y tantos dolores, puedan encontrar su satisfacción legítima. ¡Y quizá lo logre! El combate cotidiano contra mi dolor de cabeza y la ridícula diversidad de mis estados de angustia exigen tanta atención que corro el riesgo de volverme egoísta -se trata de contrapesar impulsos muy generales, muy sublimes que me domina a tal punto que, sin poderosos contrapesos, tendría que volverme loco. Justamente acabo de salir a flote de un acceso de los más duros, y apenas me he sacudido una desolación de dos días cuando ya de nuevo mi locura se echa a corre tras cosas inconcebibles desde el primer despertar, e ignoro si para otros habitantes de buhardillas la aurora alguna vez iluminó cosas más agradables y más deseables... </h4>
<h3>Hacer algo por cojones. </h3>
<h4>Un punto exacto, aquí, es que, enfocando el movimiento del capital social –es decir, del conjunto de los capitales individuales–, la cosa se presenta de otro modo que si se enfoca cada capital individual de por sí, es decir, desde el punto de vista de cada capitalista individual. Para éste, el valor de la mercancía se descompone 1º en un elemento constante (el cuarto, según Smith), 2º en la suma de salario y plusvalía, o bien de salario, ganancia y renta del suelo. En cambio, desde el punto de vista social, el cuarto elemento de Smith, el capital constante, desaparece. <a href="http://www.girlsbcn.net">Escorts independientes de Barcelona</a> Sólo opta por la dialéctica quien no dispone de otro recurso. Sábese que ella despierta suspicacia; que tiene escaso poder de convicción. Nada hay tan fácil de bo­rrar como el efecto de un dialéctico, según lo prueba la experiencia de cualquier reunión donde se habla. La dialéctica no puede ser más que un recurso de emer­gencia, en manos de personas que ya no poseen otras armas. Sólo quien tiene que imponer su derecho hace uso de ella. De ahí que los judíos fueran dialécticos, y lo fue el zorro de la fábula. Entonces, ¿lo sería tam­bién Sócrates? <a href="http://www.girlsbcn.es">Escorts independientes de BCN</a> Primer período de rotación de 12 semanas. Primer período de trabajo de 9 semanas; la rotación del capital desembolsado en este periodo cierra su ciclo al comenzar la 13ª semana. Durante las 3 semanas siguientes, funciona ya el capital adicional de 300 libras, con que se abre el segundo período de trabajo de 9 semanas. <a href="http://www.girlsbcn.com.es">Escorts independientes de lujo</a> Pero, tanto en la sección primera como en la segunda, se trataba siempre de un capital individual, de la dinámica de una parte sustantivada del capital social. <a href="http://www.girlsbarcelona.com">girlsbarcelona.com</a><br />
 Nuestra doctrina sólo puede ser ésta: que al hom­bre no le son dadas sus propiedades por nadie, ni por Dios ni por la sociedad, sus padres y antepasados, ni tampoco por él mismo (el disparate de la noción aquí repudiada en último término ha sido enseñado como “libertad inteligible” por Kant, y acaso ya por Pla­tón). Nadie es responsable de su existencia, de su modo de ser, de las circunstancias y el ambiente en que se halla. La fatalidad de su ser no puede ser desglosada de la fatalidad de todo lo que fue y será. El hombre no es la consecuencia de un propósito expreso, de una voluntad ni de un fin; con él no se hace una tenta­tiva de alcanzar un “tipo humano ideal” o una “feli­cidad ideal” o una “moralidad ideal”; siendo absurdo pretender descargar su modo de ser en algún “fin”. Nosotros hemos inventado el concepto “fin”; la rea­lidad nada sabe de fines... Se es, necesariamente, un trozo de fatalidad; se forma parte del todo, se está integrado en el todo; no hay nada susceptible de juz­gar, valorar, comparar, condenar nuestro ser, pues significaría juzgar, valorar, comparar, condenar el to­do... ¡Mas no existe nada fuera del todo! <a href="http://www.girlsmadrid.com">Chicas compañía Madrid</a> M – D por parte del poseedor de mercancías es D – M por parte del comprador; la primera metamorfosis de la mercancía en M – D es la segunda metamorfosis de la mercancía que se presenta como D; y a la inversa, en D – M. Por tanto, lo que se ha dicho acerca del entrelazamiento de la metamorfosis de la mercancía en una fase con la de otra mercancía en otra fase es aplicable a la circulación del capital, siempre y cuando que el capitalista funcione como comprador y vendedor de la mercancía y, por tanto, su dinero como dinero frente a una mercancía ajena o como mercancía frente a un dinero ajeno. Pero este entrelazamiento no es a la par expresión del entrelazamiento de las metamorfosis de los capitales. <a href="http://www.girlsvalencia.com">Putas valencia</a> La línea divisoria entre las verdaderas reparaciones y las reposiciones, entre los gastos de conservación y los gastos de renovación, es una línea más o menos incierta. De aquí la eterna discusión sostenida, por ejemplo, en los ferrocarriles sobre sí ciertos gastos constituyen reparaciones o reposiciones, si deben cargarse a los gastos corrientes o al capital social. El cargar los gastos de reparación a la cuenta del capital, en vez de cargarlos a la cuenta de los ingresos, es el consabido recurso de que se valen las empresas ferroviarias para hacer subir artificialmente sus dividendos. Sin embargo, la experiencia brinda también en este punto los puntos de apoyo más importantes. Los trabajos complementarios realizados durante el primer período de vida de los ferrocarriles, por ejemplo, “no constituyen reparaciones, sino que deben ser considerados como parte esencial de la construcción del ferrocarril, debiendo por tanto cargarse en la cuenta capital y no en la de los ingresos, puesto que no proceden del desgaste o de la acción normal del tráfico ferroviario, sino que se deben a la imperfección originaria inevitable de la construcción del ferrocarril” (Lardner, Railway Economy, p. 40). “En cambio, no hay más método exacto que cargar a la cuenta de los ingresos de cada año la depreciación que necesariamente se produce, para que estos ingresos sean verdaderamente legítimos, siendo igual para estos efectos que la suma se haya desembolsado realmente o no” (Capitán Fitzmaurice, “Committee of Inquiry on Caledonian Railway”, impreso en Money Market Review, 1867). <a href="http://www.girlsbcn.net/barcelona/relax_barcelona.htm">Relax y saunas en Barcelona</a> Esto dispuso, en efecto, el decreto de los dioses, destinando a los hom­bres a perecer a fin de que hubiese un canto también para generacio­nes posteriores. <a href="http://www.girlsbcn.net/espana/murcia.htm">Saunas Murcia</a> en la que los puntos indican que la circulación del capital se interrumpe, pero su proceso cíclico continúa, saliendo de la órbita de la circulación de mercancías para entrar en la órbita de la producción. La primera fase, la transformación del capital–dinero en capital productivo, no tiene, pues, más misión que dar paso y servir de prólogo a la segunda fase, a la función del capital productivo. <a href="http://www.girlsbcn.net/internacional/francais.htm">accompagnatrice Barcelone</a> En cambio, los productos vinculados al suelo y que, por tanto, sólo pueden emplearse en una determinada localidad, por ejemplo los edificios fabriles, los ferrocarriles, los puentes, los túneles, los muelles, etc., las mejoras de la tierra, etc., no pueden ser exportados físicamente, con su piel y sus huesos. No son objetos movibles. Una de dos: o son inútiles o, una vez vendidos, sólo pueden fun­cionar como capital fijo en el país en que se producen. Para el productor capitalista que especula con la construcción de fábricas o la mejora de tierras, para luego venderlas, estas cosas son la forma de su capital–mercancías y por tanto, según A. Smith, la forma del capital circulante. Pero, desde un punto de vista social, estas cosas –si no han de ser inútiles –tendrán que acabar funcionando en el propio país, como capital fijo, en un proceso de producción fijado por la propia localidad en que se encuentran enclavadas; de donde no se sigue, ni mucho menos, que todas las cosas inmuebles sean de por sí, sin más requisitos, capital fijo, pues pueden también, como ocurre con las casas–vivienda, etc., pertenecer al fondo de consumo y, por tanto, no formar parte para nada del capital social, aun siendo un elemento de la riqueza social, de que el capital no es más que una parte. El productor de estas cosas, para decirlo en los términos de A. Smith, obtiene una ganancia con su venta. Se trata, por tanto, de capital circulante. Pero el que las emplea de un modo útil, su comprador definitivo, sólo puede utilizarlas empleándolas en el proceso de producción. Se trata, por tanto, de capital fijo. <a href="http://www.girlsbcn.net/scort_barcelona.htm">Barcelona scort</a><br />
 El punto de partida de esta circulación es el capital–mercancías: M' = M + m = P + m. La función del capital–mercancías M'–D' (la realización del valor capital contenido en él = P, que ahora existe como parte integrante de las mercancías M, y la de la plusvalía contenida también en él, que existe como parte integrante de la misma masa de mercancías en el valor m) fue examinada en la primera forma del ciclo. Pero allí constituía la segunda fase de la circulación interrumpida y la fase final de todo el ciclo. Aquí, constituye la segunda fase del ciclo, pero la primera fase de la circulación. El primer ciclo termina con D', y como D', lo mismo que el primitivo D, puede volver a iniciar como capital en dinero el segundo ciclo, no era necesario seguir analizando, por el momento, si los D y d (la plusvalía) contenidos en D' seguían su marcha juntos o emprendían rutas distintas. Esto sólo hubiera sido necesario si hubiésemos seguido estudiando el primer ciclo en su renovación. Pero este punto debe ser resuelto en el ciclo del capital productivo porque de ello depende, incluso, la determinación de su primer ciclo y porque M'–D' aparece en él como la primera fase de la circulación, que ha de completarse con D–M. De esta decisión depende el que la formula represente una simple reproducción o una reproducción en escala ampliada. Con arreglo a esta decisión cambiará, por tanto, el carácter del ciclo. <a href="http://www.anibcn.com">sado erotico barcelona</a> D – T es la fase característica de la conversión del capital–dinero en capital productivo, ya que constituye la condición esencial para que el capital desembolsado en forma de dinero se convierta realmente en capital, en valor creador de plusvalía. D – Mp no tiene más finalidad que facilitar la realización de la masa de trabajo comprada por medio de D – T. Por tanto, desde este punto de vista, la fórmula D – T fue expuesta en el libro I, sección II: transformación del dinero en capital. [pp. 103–129]. Aquí, debemos examinar el problema desde otro punto de vista, refiriéndonos especialmente al capital–dinero como forma de manifestarse el capital. <a href="http://www.bellezacordobesa.com">puta a domicilio</a></h4>
<h3>Perder la cabeza por alguien. </h3>
<h4>Con arreglo a la duración del período de trabajo y, por tanto, del período de tiempo que transcurre hasta la elaboración de la mer­cancía susceptible de circulación, va acumulándose la parte de valor que el capital fijo transfiere fragmentariamente al producto y se va dilatando el reflujo de esta parte de valor. Pero esta dilación no obliga a realizar nuevas inversiones de capital fijo. Las máquinas siguen funcionando en el proceso de producción lo mismo si la repo­sición de su desgaste refluye en forma de dinero de un modo lento o rápidamente. No ocurre lo mismo con el capital circulante. La mayor duración del periodo de trabajo no sólo exige que el capital se movilice por más tiempo, sino que exige también que se desembolse constantemente nuevo capital en salarios, materias primas y materias auxiliares. El amortiguamiento del reflujo repercute, por tanto, de distinto modo en uno y otro caso. Sea más lento o más rápido, el capital fijo sigue funcionando igual que antes. En cambio, el capital circulante deja de funcionar, al amortiguarse el reflujo, cuando se presenta bajo la forma de productos invendidos o no terminados, aún no vendibles, y no se dispone de un capital adicional para renovarlo en especie. “Mientras el campesino se muere de hambre, su ganado prospera. En efecto, había llovido y los pastos eran abundantes. El campesino indio se morirá de hambre al lado de un buey reluciente y gordo. Los preceptos de la superstición podrán parecer crueles para con el individuo, pero son rentables para la sociedad; la conservación del ganado de labor asegura la continuidad de la agricultura, y con ella les fuentes del sustento y la riqueza del futuro. Nos parecerá triste y duro, pero así es: en la India, es más fácil reponer a un hombre que a un buey” (Return, East India, Madras and Orissa Femine, núm. 4, p. 4). Recordemos las palabras del Manava–Dharma­–Sastra, cap. X, p. 62: “El sacrificio de la vida sin recompensa, para mantener a un sacerdote o a una vaca... puede asegurar la bien­aventuranza de esta tribu de bajo origen.” <a href="http://www.deliciasbcn.com">relaciones ocasionales barcelona</a> Al llegar a este punto, A. Smith pone el siguiente ejemplo: “La porción del capital que el labrador emplea en aperos es capital fijo; pero la que invierte en salarios o en mantener a los criados... es capital circulante. [Como vemos, aquí la diferencia entre el capital fijo y el circulante sólo se refiere, como debe ser, a la distinta circula­ción, a la rotación de las distintas partes integrantes del capital pro­ductivo.] Obtiene un beneficio del uno, conservándolo en su poder, y del otro, cuando se separa del mismo. El valor o el precio del ganado de labor es un capital fijo [de nuevo la afirmación correcta de que es al valor y no al elemento material al que se refiere la distinción], del mismo modo que el de los aperos de labranza; pero la porción que destina a su manutención [del ganado de labor] es capital circulante, como el invertido en el sustento de los mozos de labranza. El labrador obtiene beneficio del ganado de labor conservándole y separando su manutención. [El arrendatario re­tiene el forraje del ganado, no lo vende. Lo emplea como forraje al mismo tiempo que emplea el ganado como instrumento de trabajo. La diferencia consiste simplemente en que el forraje empleado para sustentar al ganado de labor se consume en su totalidad, teniendo que reponerse constantemente mediante nuevo forraje sacado de la producción agrícola o de su venta, mientras que el ganado sólo se repone a medida que cada bestia vaya quedándose, por turno, inuti­lizada para trabajar.] Pero el precio y el sostenimiento del ganado que se compra para engordarlo, con el propósito de revenderlo, y no dedicarlo a la labranza, es capital circulante. La ganancia del la­brador se obtiene, en este caso, cuando el animal es vendido. [Todo productor de mercancías, incluyendo el capitalista, vende su produc­to, el resultado de su proceso de producción, pero ello no convierte a este producto en parte fija ni circulante de su capital productivo. Lo que ocurre es que el producto existe, ahora, bajo una forma en que es expulsado del proceso de producción y tiene que funcionar como capital mercancías. El ganado de ceba funciona en el proceso de producción como materia prima y no como instrumento, que es lo que ocurre con el ganado de labor. Se incorpora, por tanto, al producto como sustancia de éste y todo su valor pasa a formar parte de él, lo mismo que el de las materias auxiliares (su forraje). Por eso es parte circulante del capital productivo, no porque el producto vendido –el ganado de ceba– presente aquí la misma forma na­tural que la materia prima, el ganado todavía no cebado, Esto no pasa de ser tina coincidencia fortuita. Pero, al mismo tiempo, A Smith habría debido comprender también, por este ejemplo, que no es la forma material del elemento de producción lo que da al valor contenido en él el carácter de fijo o circulante, sino la función que desempeña dentro del proceso de producción.] El valor de las semillas hay que considerarlo, en realidad, como si fuera capital fijo, pues aunque va y viene del campo al granero, no cambia de dueño [it never changes masters] y, por eso, no se puede decir jus­tamente que circule. La ganancia del labrador no consiste en vender la semilla, sino en acrecentarla.” <a href="http://www.erosbcn.com">Prostitutas de lujo en Barcelona</a> 1º Todos los miembros de la sociedad que no intervienen directamente en el proceso de reproducción, con o sin trabajo, sólo pueden obtener directamente su parte en el producto anual de mercancías –y, por tanto, sus medios de consumo– de manos de las clases entre las que se reparte de primera mano el producto: obreros productivos, capitalistas industriales y terratenientes. En este sentido, sus rentas se derivan materialiter (23) del salario (de los obreros productivos), de la ganancia o de la renta del suelo y aparecen, por tanto, como rentas derivadas, por oposición a éstas, que son rentas origínales. Pero, por otra parte, quienes reciben estas rentas que llamamos derivadas y que lo son en el sentido indicado, las perciben en gracia a su función social, como reyes, curas, profesores, prostitutas: caudillos guerreros, etc., razón por la cual pueden considerar también estas funciones como fuentes originales de sus rentas. <a href="http://www.escortbarcelona.com.es">escortbarcelona</a> Ya dijimos que con el arado de vapor la máquina ejecuta en una hora, por 3 peniques o 1/4 de chelín, tanto trabajo como 66 hombres a 15 chelines la hora. Volvamos sobre este ejemplo, para salir al paso de una idea falsa. En efecto, los 15 chelines no son, ni mucho menos, expresión del trabajo incorporado durante una hora por los 66 hombres. Sí la proporción entre la plusvalía y el trabajo necesario es del 100 por 100, estos 66 obreros producirán al cabo de una hora un valor de 30 chelines, aunque las 33 horas se representen para ellos, es decir, para los efectos del salario, en un equivalente de 15 chelines. Por tanto, suponiendo que una máquina cueste tanto corno los salarios anuales de los 150 obreros desplazados por ella, digamos 3,000 libras esterlinas, estas 3,000 libras esterlinas no son, ni mucho menos, la expresión en dinero del trabajo desplegado e incorporado por los 150 obreros al objeto sobre que este trabajo versa, sino solamente de una parte de su trabajo anual, o sea, aquella que se representa para ellos mismos en los jornales. En cambio, el valor en dinero de la máquina, las 3,000 libras esterlinas, expresa todo el trabajo invertido durante su producción, cualquiera que sea la proporción en que este trabajo cree salario para los obreros y plusvalía para el capitalista. Por tanto, si la máquina cuesta lo mismo que la fuerza de trabajo que viene a suplir, el trabajo materializado en ella será siempre mucho más pequeño que el trabajo vivo que suple.30 <a href="http://www.escortmadrid.com.es">madrid callgirl</a> Si nos fijamos en la parte de la maquinaria empleada para la construcción de máquinas que forma la verdadera máquina–herramienta, vemos que en ella reaparece, en proporciones ciclópeas, el antiguo instrumento manual. El operador de la máquina perforadora, por ejemplo, es un taladro gigantesco movido por una máquina de vapor, sin el que a su vez, no podrían producirse los cilindros de éstas, ni las prensas hidráulicas. El torno mecánico no es más que una reedición gigantesca del torno corriente; la máquina cepilladora una especie de carpintero de hierro, que trabaja en éste con las mismas herramientas que el carpintero usa para trabajar la madera; el mecanismo que en los astilleros de Londres corta la chapa, una gigantesca navaja de afeitar; el aparato que corta el hierro con la misma facilidad con que el sastre corta el paño, un tijera monstruo, y el martillo de vapor un simple martillo, pero de un– peso tal, que no podría moverlo ni el dios Thor.21 Hay por ejemplo, un martillo de vapor inventado por Nasmyth, que pesa más de 6 toneladas y se descarga con una caída perpendicular de 7 pies sobre un yunque de 36 toneladas. Este martillo pulveriza sin el menor esfuerzo un bloque de granito y es capaz, al mismo tiempo, con una serie de golpes suaves, de clavar una aguja en un trozo de madera blanda.22 <a href="http://www.girlsmarbella.com">girlsbcn</a> Por consiguiente, en esta tercera edición no ha sido modificada una sola palabra sin que yo estuviese absolutamente seguro de que el propio autor, de vivir, la hubiera corregido. No podía venírseme siquiera a las mientes el introducir en El Capital esa jerga tan en boga en que suelen expresarse los economistas alemanes, la germanía en que, por ejemplo, el que se apropia trabajo de otros por dinero recibe el nombre de Arbeitgeber,6 llamándose Arbeitnehmer7 al que trabaja para otro mediante un salario. También en francés la palabra travail tiene, en la vida corriente, el sentido de "ocupación". Pero los fran­ceses considerarían loco, y con razón, al economista a quien se le ocurriese llamar al capitalista donneur de travail y al obrero receveur de travail. <a href="http://www.raquelmimosa.com">raquelmimosa</a> lo que son por la relación productiva que guardan con la tela y el hilado, sino por ser inversiones de fuerza humana de trabajo pura y simplemente. Los trabajos del sastre y el tejedor son elementos inte­grantes de los valores de uso levita y lienzo gracias precisamente a sus diversas cualidades; en cambio, sólo son sustancia y base de los valores lienzo y levita en cuanto en ellos se hace abstracción de sus cualidades específicas, para reducirlos a la misma cualidad: la del trabajo humano.</h4>
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<h4>La época inmediatamente anterior a la abolición de las leyes cerealistas alumbró con nuevos destellos la situación de los obreros del campo. Por una parte, los agitadores burgueses estaban interesados en demostrar cuán poco protegian aquellas leyes protectoras a los verdaderos productores de trigo. De otro lado, la burguesia industrial se encabritaba de rabia al ver cómo los aristócratas de la tierra denunciaban los abusos fabriles, con qué afectada simpatía estos distinguidos haraganes corrompidos y desalmados se dolían de los sufrimientos de los obreros de las fábricas y con qué “celo diplomático” abogaban por una legislación fabril. Hay un proverbio inglés que dice que cuando dos ladrones riñen siempre se sale ganando algo. Y en efecto, esta disputa ruidosa y apasionada entre las dos fracciones de la clase gobernante sobre cuál de las dos explotaba más desvergonzadamente a los trabajadores, contribuyó al alumbramiento de la verdad en ambos frentes. La aristocrática campaña filantrópica antifabril estaba capitaneada por el conde de Shaftesbury, alias lord Ashley. Por eso este personaje constituye, desde 1844 a 1845, un tema predilecto en las revelaciones del Morning Chronicle acerca de la situación de los obreros del campo. Este periódico, el órgano liberal más importante de la época, mandó a los distritos agrícolas enviados especiales, que no se contentaban, ni mucho menos, con descripciones generales y estadísticas, sino que, además, publicaban los nombres de las familias obreras investigadas y los de sus explotadores, los terratenientes. A continuación, reproducimos una lista de jornales correspondiente a tres aldeas de las inmediaciones de Blanford, Wimbourne y Poole. Las aldeas son propiedad de Mr. G. Bankes y del conde de Shaftesbury. <a href="http://www.sexoanuncios.com.es">relax bilbao</a> 148 El desarrollo económico de los Estados Unidos es, a su vez, un producto de la gran industria europea, y más especialmente de la inglesa. En su forma actual (1866), los Estados Unidos pueden ser considerados todavía como un país colonial de Europa. (Adición a la 4ª ed. Desde entonces, Norteamérica se ha desarrollado hasta convertirse en el segundo país industrial del mundo, aunque sin perder del todo su carácter colonial.– F. E.) <a href="http://www.sofiabcn.com">señoritas compañía Barcelona</a> Fijémonos en Inglaterra. Su economía política clásica aparece en un período en que aún no se ha desarrollado la lucha de clases. Es su último gran representante, Ricardo, quien por fin toma conscientemente como eje de sus investigaciones la contradicción de los intereses de clase, la contradicción entre el salario y la ganancia y entre la ganancia y la renta del suelo, aunque viendo simplistamente en esta contradicción una ley natural de la sociedad. Al llegar aquí, la ciencia burguesa de la economía tropieza con una barrera para ella infranqueable. Todavía en vida de Ricardo y enfrentándose con él, la economía burguesa encuentra su crítico en la persona de Sismondi.3 <a href="http://www.boxbcn.com">posicionamiento web</a> El producto del trabajo es objeto de uso en todos los tipos de sociedad; sólo en una época históricamente dada de progreso, aquella que ve en el trabajo invertido para producir un objeto de uso una propiedad “materializada” de este objeto, o sea su valor, se convierte el producto del trabajo en mercancía. De aquí se desprende que la forma simple del valor de la mercancía es al propio tiempo la forma simple de mercancía del producto del trabajo; que, por tanto, el desarrollo de la forma de la mercancía coincide con el desarrollo de la forma del valor. <a href="http://www.grafsalas.com">repografia barcelona</a> El mínimum de suma de valor de que debe disponer un poseedor de dinero o de mercancías para transformarse en capitalista varía con las distintas etapas de desarrollo de la producción capitalista y, dentro de cada una de estas etapas, con las diversas esferas de producción, según las condiciones técnicas especiales imperantes en cada una de ellas. Hay, ciertas esferas de producción que ya en los orígenes del régimen capitalista exigen un mínimum de capital que aún no reúne ningún individuo. Esto determina, unas veces, la concesión de subsidios por el Estado a los particulares que emprenden tales industrias, como acontece en Francia en la época de Colhert y aun hoy en ciertos Estados alemanes, y otras veces la creación de sociedades dotadas de monopolio legal para la explotación de ciertas ramas industriales o comercíales,6 sociedades que son las precursoras de las compañías anónimas de nuestros días. <a href="http://www.nightspain.com">guia ocio alicante</a> Beenham: En junio de 1864 vivían en un cot marido, mujer y 4 hijos. Una hija volvió a casa de sus padres, de servir, con la escarlatina. Y allí murió. Uno de los hijos cayó enfermo, y murió también. Cuando llamaron al Dr. Hunter, estaban enfermos de tifus un hijo y la madre. El padre y uno de los hijos dormían fuera de casa, pero la imposibilidad de aislar a los pacientes era notoria, pues la cuerda de aquella casa, declarada infecciosa, aparecía tendida en el mercado de la mísera aldea, abarrotado de gente, esperando su ropa blanca. Alquiler de la casa de H., un chelín semanal; un dormitorio para un matrimonio y 6 hijos. Una casa arrendada en 8 peniques (semanales): 14 pies y 6 pulgadas de largo por 7 pies de ancho; la cocina, 6 pies de alto; el dormitorio sin ventana, hogar, puerta ni ventilación, fuera del pasillo; sin huerto. En esta casa se habían instalado recientemente un hombre con dos hijas adultas y un muchachuelo; el padre y el rapaz dormían en la cama, las hijas en el pasillo. Las dos hijas tuvieron dos niños viviendo en esta casa; una de ellas fue a dar a luz al asilo y volvió luego a vivir allí. <a href="http://www.nightspain.com">nightspain</a> Además, esta inversión sólo existe para una de las tres partes que intervienen en el trato. El capitalista compra la mercancía a A y la revende a B; en cambio, el poseedor simple de mercancías vende su mercancía a B, para luego comprar otra a A. Para los con­tratantes A y B, esta diferencia a que nos referimos no existe. Ellos sólo actúan como comprador y vendedor de mercancías, respecti­vamente. A su vez, el tercero se enfrenta con ellos, según los casos, como simple poseedor de dinero o como poseedor de mercancías, como comprador o vendedor; unas veces, este tercero es respecto a uno de los contratantes un simple comprador y respecto al otro un simple vendedor, para el uno dinero y para el otro mercancía, y para ninguno de los dos capital o capitalista; es decir, represen­tante de algo superior al dinero o a la mercancía y capaz de pro­ducir efectos distintos a los de la mercancía o a los del dinero. Para este tercero, el hecho de comprar a A y de vender a B son dos fases lógicas de un mismo proceso. Pero entre estos dos actos sólo para él existe una ilación lógica. A no se preocupa en lo más mínimo  <a href="http://www.pisobcn.com">www.pisobcn.com</a> 4. Jurados para inspección de cadáveres (núm. 360). “Por lo que se refiere a las coroner's inquests (106) en sus distritos, ¿están contentos los obreros con el procedimiento judicial seguido en los casos de accidente? –No, no lo están” (núm. 861). “¿Por qué? –Porque se nombra para ocupar el cargo de jurado a gentes que no saben absolutamente nada de lo que es una mina. Con los obreros no se cuenta nunca más que como testigos. Generalmente, se nombra a los tenderos de la vecindad, que obran bajo el influjo de los patronos de las minas, clientes suyos, y que ni siquiera entienden las expresiones técnicas empleadas por los testigos. Exigimos que los obreros de las minas formen parte del jurado. Por término medio, los fallos se contradicen con las declaraciones de los testigos” (núm. 378). “¿No deben ser imparciales los jurados? –Sí” (número 379). “¿Lo serían los obreros? –No veo ninguna razón para que no lo fuesen puesto que tienen un conocimiento de la situación” (número 380). “Pero, no tenderían a emitir fallos injustos y severos en interés de los trabajadores? –No, no lo creo.”<br />
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<p><a href="http://urdimano.nireblog.com/post/2008/05/03/una-acrobacia-rutinaria#comments">Comments</a></p>]]></description>
	<pubDate>Sat, 03 May 2008 19:43:13 +0100</pubDate>	</item>
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